lunes, 4 de agosto de 2008

Una rareza clásica.


portada del disco.


Disco: Miguel Abuelo Et Nada.

Artista:Miguel Abuelo.

Año: 1975

Por Santiago Ramos.



“Agarré una bolsa, puse un calzoncillo adentro y me fui a Europa” admitió Miguel Abuelo a la revista Cantarock. La huída de un país gris (anterior al estallido de la nada y a otros estallidos) junto a la mamá de Pipo Lernoud, tuvo como primer objetivo la búsqueda de libertad absoluta y en menor medida el alejamiento de la música. Cumplió con el primero mas no con lo segundo.
Según sus propias palabras. “un día, viajando de Londres a París por un trabajo en laca china, me encontré con un músico electrónico argentino, Edgardo Cantor. Se interesó en mi forma de cantar, me dijo que conocía un productor y que le gustaría hacer algunos trabajos conmigo. El productor me llevó al estudio para hacer una prueba y cuando me escuchó me ofreció el oro y el moro”. El productor era Moshe Naim quien había financiado algunas obras de Dalí, y estaba dispuesto a aportar una enorme cifra de dinero para la futura producción de un disco. Es así que Miguel decidió llamar a Daniel Sbarra (luego integraría Virus) y a un puñado de músicos sudamericanos exilados para formar el grupo Hijos de Nada con el fin de grabar un disco.
En 1974 el grupo emprendió una gira por Francia para presentar el material grabado. La misma tuvo una excelente aceptación de la prensa pero no del público. En la mitad de ésta, las diferencias entre Sbarra y Abuelo fueron irreconciliables por lo que el grupo se disolvió.
Ante esta situación, el productor (autorizado por Daniel) decidió editar el disco del grupo bajo el nombre Miguel Abuelo Et Nada.
Editado en 1975 pero grabado en 1973 Miguel Abuelo Et Nada es un disco que lo tiene todo; rock crudo, ritmos andinos, canciones de fogón, lírica extrema, diferentes tipos de melodías, guitarras acústicas, guitarras eléctricas, perfectos arreglos corales, destellos electrónicos, elegante instrumentación, psicodélica y la voz de Miguel Abuelo en estado de gracia. Esa descripción sólo sirve para resumir a grandes rasgos una obra tan compleja como difícil de catalogar.
El inicio del álbum es con el tema “Tirando piedras al río” cuya introducción es un riff hard rock muy sólido, a medida que se va desarrollando muta hacia una canción despojada con arpegios de guitarras y coros, para luego volver al ritmo bien heavy. Dura 7 minutos infracción y es constante el ida y vuelta de un ritmo a otro. Antes de finalizar, la voz de Miguel pronuncia un verso a manera de silogismo para concluir con el riff inicial. Luego viene “El largo día de vivir”, una bella canción de fogón que se inicia con un violoncelo a todo volumen generando un ritmo bailable. Este tema posee una de las grandes frases de Miguel Abuelo; “tu eres color en mis sueños”, aquí para que resulte la metáfora el compositor da por sentado que sueña en blanco y negro, así la presencia de la otra persona es la que produce esa alquimia, remata con la frase “por ti real es la vida” cantado a voz desgarrada pero con una afinación muy justa. En el último tramo aparece una quena que brinda aires de música del altiplano.
El tercer tema del disco es “Estoy aquí parado, sentado y acostado”, que ya había sido grabada por Los Abuelos bajo el nombre de “Pipo, la serpiente” en la época que entró Pappo al grupo. La letra, le pertenece a Pipo Lernoud, está escrita en primera persona y transmite la pérdida de sensibilidad. Hay versos como; “ya he perdido el olor de los duraznos, mis ojos ven fantasmas en la gente al pasar”, “me acerco a una piedra, la miro sin pensarla, la toco sin nombrarla, la toco y nada más”, “estuve muy solo, pero solo sin recuerdos”, también está la frase “sin tiempo y sin memoria” que popularizó Pappo en “El hombre suburbano”. El efecto flanger usado en los platos más las guitarras distorsionadas convierten a la canción en un estilo Led Zeppelín, pero no es sólo eso; hay mucho suspenso propuesto por el tempo y el tono de voz que hacen que al final cuando la banda estalla y la voz de Miguel da gritos, la canción se convierta en una furia incontrolable.
“El Muelle” es un bolero que no parece tal, debido a que la melodía típica del bolero es reemplazada por una melodía más tétrica en la que Miguel canta como si fuera tartamudo. Abundan los efectos electrónicos y la letra es una descripción de lo que pasa en un muelle cuando no queda nadie.
Los últimos 3 temas del disco pertenecen a Daniel Sbarra. Está “Señor carnicero” rock visceral en cuanto al sonido, los punteos de guitarras son típicamente heavy’s, y tiene muchos arreglos que parecen trabar el tema, para luego seguir. Después viene “Sabido Forastero” que por las guitarras y los coros tiene conexión con el “Bolsón de los cerros” del disco Conesa de Pedro y Pablo, también tiene cierta familiaridad con la melodía de “Havalina” de The Pixies incluida en el disco Bossanova del año 1990. Abundan efectos electrónicos muy sutiles que le dan matiz y heterogeneidad.
El último tema del álbum es “Octavo Sendero”, el violoncelo de Carlos Beyris se mixtura con las guitarras sucias creando una atmósfera pesada, ideal acompañamiento para los falsetes de Abuelo.
El disco nunca fue editado en Argentina, si bien hubo una posibilidad de hacerlo en la época del uno a uno, no pudo ser debido a que Krisha Bogdan (madre del hijo de Miguel) se opuso exigiendo una retribución que no le correspondía ya que los derechos pertenecen a un productor francés. Hoy es muy difícil que éste material se edite en nuestro país porque se exigen cifras impagables para el mercado local. Una verdadera lástima para las discotecas del rock criollo.