domingo, 30 de noviembre de 2008

Mamá Rock

Por César Pucheta para El mundo entre las manos virtual
Fotografía: Archivo de Pipo Lernoud

En los últimos años parece que la historia ha comenzado a desmitificarse, pero no siempre fue así. Es más aún, hoy la cuestión es resistida por muchos sectores (retrógrados, conservadores, machistas, puristas o como quieran llamarse). El espacio de la mujer en el rock es un tema conflictivo y lo fue siempre.
Se les aduce falta de potencia, se les critica ese don natural que hace prevalecer en ellas agudos que en algunos casos resultan molestos para quienes gozan con el chasquido distorsionado de una guitarra, se bastardea sus posturas y se las acusa constantemente de poseer frivolidades que estarían en contra de una cultura como la del “movimiento rock”. Pese a esto la mujer ha logrado hacerse con el transcurso de los años un lugar en el género que durante décadas fue impensado. Hubo quienes se animaron a transgredir, quienes abrieron el camino, hubo pioneras. En nuestro país, en nuestro rock, esa mujer se llamo Gabriela.
Como siempre sucede, hubo un antecedente. Entre los primeros simples que la pionera “Mandioca” logró dar a luz había uno de una joven modelo devenida en cantante que se llamaba Cristina Plate pero la corta carrera de la artista quedó prácticamente trunca después de aquel EP (algunos dicen que el ambiente del rock perjudicaba su carrera como modelo) que salió en conjunto con el primero de Miguel Abuelo y del trío Manal.

Gabriela fue la primera mujer que logró registrar un larga duración con nombre propio y es por esto que se la considera la primera mujer del rock argentino.
Gabriela era una chica que deambulaba a comienzos de los años 70 por la escena que nucleaba a los impulsores de aquellos míticos primeros festivales B.A.Rock, aquellos hippies. Pero Gabriela no era una chica más, ya que poseía una armonía vocal muy trabajada por aquellos días además de componer canciones que encajaban perfectamente con las ideas y el folclore roquero de esos años. Así fue como la cantante debutó en el segundo festival B.A.Rock realizado en 1971. En esa ocasión la banda que acompañaba a Gabriela es observada hoy con cierto asombró y algunos no dudan en colgarle el rótulo de “supergrupo”: Edelmiro Molinari se hacía cargo de la guitarra, Litto Nebbia de los teclados mientras David Lebón desde el bajo marcaba ritmo junto a Oscar Moro que se lucía desde la batería. En aquel festival (realizado en el Velódromo) Gabriela se presentó en sociedad ante aproximadamente 5.000 almas.
Seguido a eso, la cantante se unió al movimiento que proponía la alternativa acústica con fuertes guiños al folk, la canción y el folclore. Así fue que participó del hoy mítico “Acusticazo” (algo así como un umplugged pero mucho antes que a la MTV se les prenda la lamparita tragabilletes) junto a León Gieco, Raúl Porchetto y Litto Nebbia entre otros.
Fue en ese 1972 cuando tras la buena difusión de su segundo simple (“Mamá, Mercurio ha venido por mí”) Gabriela se meta a desarrollar lo que fue su primer disco homónimo.
El disco sorprendía no sólo al público, lo que se plasmó en una difusión más que interesante para la época, sino que recibía excelentes críticas como la de la Revista Pelo que la acusaba de demostrar que “las nenas, más que cantar como adornos, pueden hacerlo en serio y además componer”. La primera patada a la estructura machista: una mujer componía rock, lo cantaba, grababa discos y le iba muy bien.


Su actuación en el B.A.Rock III quedó inmortalizada en la película de Anibal Uset (“Rock hasta que se ponga el sol”) y en 1974 Gabriela editó su tercer EP que contenía “Voy a dejar esta casa, papá” y el excelente “Has tu mente al invierno del sur”. Siguió con sus presentaciones hasta que en 1976 (como muchos) decidió radicarse con su entonces pareja, Edelmiro Molinari, en Los Ángeles.
Allí compuso lo que iba a ser su regreso a las tierras pampas: “Ubalé” que se editó en la Argentina en 1982 y fue presentado en una pequeña estadía de la cantante en nuestro país.
Muchos se habían olvidado de ella cuando reapareció (nuevamente en Argentina) en 1990 con su tercer álbum: “Altas planicies”, un disco que tuvo muy poca repercusión y que contó con la participación de varios históricos del movimiento nacional.
Actualmente radicada en los Estados Unidos y en pareja con Pino Marrone (el ahora blusero guitarrista de Crucis) Gabriela fue la encargada de abrir un camino que aún hoy es sinuoso y lleno de obstáculos. Muchas son las damas que han dejado su sello en la historia de nuestro rock, pero (si sirve como dato) Gabriela grabó 10 años antes que Celeste Carballo y que Patricia Sosa con La Torre, 15 años antes que la aparición de Fabiana Cantillo en Los Twist y casi con casi dos décadas de anterioridad que las Viudas o Hilda Lizarazu. Un camino abierto por una mujer que, cuando la cosa comenzaba a gestarse logró romper con preconceptos y tabúes para encarnar todos los sueños, realidades y proyectos de toda una generación de artistas que parió esto que hoy tenemos…(obviamente, a veces para mal…los hijos se rebelan)